“Te voy a hacer una casa en el aire, solamente pa’ que vivas tu…” tu, tu prima, tu hermano y todos los demás. Estamos viviendo en una casa en el aire, en un mundo económico sin cimientos, donde se olvidó el por qué y el para qué y se siguió construyendo sobre fundamentos que dejaron de existir o nunca existieron, pero se creyeron el cuento.
Como seguir creyendo que la raza negra es una raza inferior, que las armas siguen siendo un mecanismo para solucionar los conflictos, que cuestionarle los actos a un Presidente es ser negativo (o hasta pecado). Podríamos seguir con una lista hasta nunca terminarla…
En el mundo económico occidental, específicamente, lo que se lleva a la práctica y es considerado como correcto está sin cimientos. Empecemos por el fundamento del capitalismo: Adam Smith expuso la idea de la tan famosa mano invisible que es una fuerza que tienen los mercados para que éstos funcionen en forma óptima y que cualquier intervención del estado, diferente a poner las reglas de juego y velar por que se cumplan, es negativa para el mercado y por lo tanto para quienes interactúan en él (agentes económicos).
Quienes se creyeron este cuento no se leyeron el libro, se los aseguro. Además, se les olvidó que todos los modelos económicos tienen limitaciones en su aplicación, más si se incluyen supuestos irreales (lo cual es común, por no decir que es la regla). Pues si, se les olvidó que Smith dijo que esto era posible si las condiciones iniciales de los agentes económicos eran las mismas, para simplificar, que tuvieran los mismos recursos para enfrentarse al mercado. Y en este mundo si hay algo que no pasa es esto precisamente.
Pero no importa, siguen argumentando que la intervención de los estados en la economía atenta contra el bienestar de las personas y demás. En estos momentos no sabría decir cómo debería intervenir el estado, o si lo debe hacer o no, pero lo que sí se es que la teoría de no intervención se quedó como una casa en el aire. Quiero dejar anotado además que quienes más predican estas prácticas, son los que más intervienen en la economía con enormes subsidios a industrias, entre otros.
Lo último que me sorprendió en estos días fue el resumen de un artículo que leí en una revista de la universidad de Chicago “Buying strawberries in winter” de Christian Broda. No lo podría explicar de una mejor forma que siendo fiel al texto: “New models of international trade provide an entirely different reason for the gains from trade. From this perspective, countries gain from trade not because the price of any individual good changes, but because consumers in open economies have access to a wider variety of goods than consumers in closed economies.”, es decir, que los nuevos modelos que sustentan el comercio internacional lo hacen en las ganancias por el aumento en la variedad de productos, como principal argumento. Aquello que los consumidores van a comprar a menor precio, que cada país se especializa en su industria más competitiva y demás, pasa a segundo plano, o tal vez la práctica haya demostrado que los costos son más altos que los beneficios para las economías más débiles o que ese fundamento ya no es válido o suficiente.
Ya el fundamento cambió, y aunque el fundamento haya cambiado y tal vez éste no sea válido para muchas economías, seguimos construyendo esta casa en el aire del libre comercio. No quiero decir que el libre comercio sea malo necesariamente, sino que los fundamentos que lo motivaron no siguen siendo válidos. Es más, ¿será que alguien se creyó el cuento que somos competitivos en suficientes industrias para abrir completamente el comercio con Estados Unidos?
Si el fundamento del libre comercio es lograr una mayor variedad de productos para comer fresas en el invierno, creo que en Colombia no aplica, pues ni siquiera tenemos estaciones. La mayoría de nuestros consumidores viven con lo justo o menos, y su canasta familiar no creo que deje mucho espacio para sustitución de productos y menos para consumir por capricho productos que no están en temporada. Se sabe cuando se da el mango y cuando no, así que en cosecha se come mango, y cuando no hay mango, se come otra fruta que esté en cosecha y ya, porque es más barato (y más sano). La capacidad de pago de la mayoría de los consumidores no da para otra cosa, sólo se beneficia a unos pocos que pueden disfrutar de la variedad.
Si se tratara únicamente de beneficiar a pocos y que los otros queden igual, sería lo que se conoce en economía como un mejoramiento Paretiano, es decir, se mejora a unos sin desmejorar a los otros, lo cual no sería problemático. Lastimosamente, esto no sucede. Los costos de tener fresas en el invierno son mucho más altos que los beneficios, en especial si se tiene en cuenta que los afectados positivamente al sumar y restar serían muy muy pocos.
Como las anteriores hay muchas casas en el aire……Y tanto que preguntábamos de niños ¿por qué?
Aunque generalmente no me gusta la gente que sólo critica sin ser proactiva, creo que en este campo aún no estoy preparada para plantear posibles soluciones.